lunes 3 de octubre de 2011

Gamefest 11: Feria sin feriantes


60.000 personas son muchas personas, más aún cuando son ávidos jugadores de videoconsola. Ya hace tiempo que hemos superado la dicotomía de los marcianitos y todo esto. Gamefest 2011 ha reunido a 60.000 almas para ver y, sobre todo, probar, las novedades del mercado. Teniendo en cuenta que había que pagar, salvo gorrones como el que escribe, hay que hablar de éxito.

Allí estaban todas las novedades, como FIFA o PES, Uncharted, Call of Duty, Battlefield, Mario, Sonic y el 25 aniversario de Zelda. Allí parecía haber sitio para todos. Desde el jugador autista que disfruta en la soledad, y que disfruta estas ferias con cascos, hasta el chavalín que baila desaforado con la Kinect de Xbox. 60.000 en total. Uno detrás de otro.



Pero si hay una lectura de Gamefest que nos gustaría hacer desde aquí, más allá de su arrollador, esperanzador y reconfortante éxito, es que la industria del videojuego necesita ir un paso más allá. Segmentarse. No puede ser que menores de 14 años que correteen por Gamefest no puedan jugar ni a la mitad de lo que se ofrece. O que la gente que bailaba con la Kinect, tenga a cinco metros el stand de Gear of Wars, prohibido para menores.

En general la feria se ha ido a contentar al fan, a darle horas de juego y una montaña colosal de estímulos de colores. Eso está bien. Lo que no está bien es esa parte de parque de atracciones, ese ruido salvaje y esas ganas de abarcar todo, bien sazonado con azafatas pechugonas. Quizás el contenido esté mal distribuido, quizás no. Demasiado circo a veces. A los jugones se la pela mucho Xabi Alonso y quieren echar horas y horas al FIFA.

En un festival de cine distinguimos por géneros, por títulos, por clases de películas. La industria del videojuego todavía anda con las peleas entre marcas. Y claro, Sony tiene Ucharted y God of War como baluartes, pero también Move y PSP Vita. Mezclar eso en un stand es, cuanto menos, raro.

Quizás, a pesar del éxito brutal de la feria que volvemos a aplaudir, lo que nos decepcionó es que esta feria estaba dedicada al fan medio. Por eso es triste ver la saga de Metal Gear relegada a un segundo plano frente a otras cosas.


Será cuestión de tiempo. Estas ferias necesitan crecer y luego diversificarse. 60.000 es un número brutal. Enhorabuena.

martes 27 de septiembre de 2011

Presentación de El primer naufragio: Apología del poder


Pedro J. Ramírez ha publicado su primer libro histórico y lo ha presentado con todo el bombo y platillo entre el actual presidente del gobierno y el más que probable próximo. Toda una cohorte de políticos han ido a darle lustre al jinetero más popular de nuestra geografía y también a uno de los periodistas más poderosos. No sirvan estas líneas de elogio o crítica a El Mundo o a Unidad Editorial.

Pero "El primer naufragio", libro sobre la Revolución Francesa, está publicado desde el mayor oportunismo político y la mayor desfachatez contraria al sentido común. Lo que viene siendo la receta del éxito del señor del bisoñé y los tirante. Sólo decir que para poner de acuerdo a Esperanza Aguirre, José Bono y Rodríguez Zapatero, hay que tener una pluma singular. Es decir, defender el poder establecido y dar leña a las oscuras fuerzas populares.

Porque eso es lo que, a tenor de la presentación, defiende "El primer naufragio". Es como una inmensa lección didáctica para niños imbéciles a los que se nos dice que el 15M está mal, que el pueblo al final se manipula, que las urnas, controladas, son el mejor camino.

¿Será posible semejante falta de escrúpulos y de respeto? Por supuesto que sabemos que el pueblo se manipula. Sois vosotros, los que estáis en la tarima los que lo manipuláis. Reducir la Revolución Francesa al 15M y viceversa es una perverso ejercicio de infamia. Y de miedo, de terror a los movimientos que tildan de populistas  y golpistas. Movimientos formados por estudiantes, jubilados y trabajadores, recordemos.

En fin, que muy precisa ha des ser la pluma del señor Ramírez para que en este momento preciso haya conseguido aglutinar a la flor y nada de nuestra política con un ingenioso ensayo de la Revolución Francesa en el que, su mente preclara, descubre que fue un fracaso de las clases bajas y un éxito de las medias.

sábado 20 de agosto de 2011

Conan: despropósito veraniego



Hace años se estrenó una película basada en los cómics de Conan el Bárbaro. Desde el primer segundo, con una cita de Nietzche, a la escena final de Conan sentado en el trono, está llena de un lirismo, simbología y cadencia mágicas. Un manejo del tempo y de la ambientación fabulosos, una historia llena de matices y una banda sonora eterna. Tan buena era que lanzo a la fama a su protagonista que ni sabía hablar. Una joya del cine fantástico que además se rodó en España.

Hoy tenemos una versión posmoderna del mismo héroe. Nos llega en el momento en que los efectos especiales están avanzadísimos y donde las ideas se han agotado. Así que era de esperar. Básicamente se trata de un videoclip mal coreografiado y sin música, no recuerdo ni un acorde de la película, en torno a un concepto de personaje desdibujado y unido por una trama argumental escrita en una servilleta. Todo en Conan, que también tiene su versión en 3D, es impostado, falso y carente de sentido. Una sucesión de escenas de acción sin sentido, épica de baratillos, nombres rimbombantes y un batiburrillo de lugares comunes sacados de las películas del género más profundo, rebuscado y sin sentido. Una amalgama de personajes diseñados visualmente por un desarrollador que no comprende ni al público adolescente al que se dirige.

Quizás sea que Conan: El Bárbaro, la película original, sea un destello brillante en un género, musculo, espada y brujería, lamentable. Pero precisamente tan brillante precursora, podría haberles servido para inspirarse un poco y explotar y actualizar el género. Pero no, es más fácil crear personajes absurdamente grotescos y hacerlos danzar en un tempo sin sentido. Desde el pesado inicio infantil al final atropellado y bochornoso. Aderecémoslo de imágenes digitales desproporcionadas e innecesarias, de sangre y violencia y también de algún pecho. 



Pero seamos positivos, saquemos algo de este despropósito argumental y conceptual, de esta realización sin sentido y montaje anormal. La imagen de Conan, encarnado en Jason Momoa, sale más o menos indemne del desfile de estupideces aburridas que contemplamos. Es decir, se actualiza, se encaja estéticamente y también interpretativametne con el Conan de los cómics. Nos creemos que este Conan del siglo XXI podría protagonizar una serie de películas a cual más entretenida e intentar igualar al Conan original. Pero es sólo eso. Una buena figuración que se ha rodeado de un camión de desechos.

martes 16 de agosto de 2011

Juego de Tronos: El arte de la conversación


Juego de Tronos ha caído como un bombazo entre crítica y público. Y tiene motivos más que de sobra. A una factura excelente se le suma un tema que siempre gusta a la gente como es la fantasía medieval. En este caso extremadamente bien llevada. Para quien no lo sepa, Juego de Tronos está basado en la serie de libros titulada Canción de Hielo y Fuego. De hecho la serie comparte título con el primer volumen.

Muchos la han comparado con "Los Soprano" pero medieval, pero esto es una maniobra de marketing más. Tampoco es El Señor de los Anillos, por más que beba sus fuentes y su protagonista. La trama es buena, pero también bastante previsible para cualquier que esté metido en el tema. Entonces, ¿cuál es la clave de su éxito?

Para mí está bastante clara: sus buenos y cimentados diálogos. En especial los que tienen lugar a dos bandas entre los personajes y en la intimidad. Por ejemplo me quedo con el diálogo entre el rey Robert y la reina Cersei cuando, amargamente, recuerdan sus tiempos de enamoramiento en el pasado y analizan de manera cínica su situación. En general todos los diálogos en los que aparece la reina Cersei son muy buenos. A pesar de su cara de estreñida malvada de cuento. Es sólo un ejemplo.



El secreto de estas escenas es comprimir en unas líneas dialogadas, lo que son regresiones y páginas y páginas del libro. Así pues consiguen condensar en un minuto el mundo ficticio en el que se ambienta la macrohistoria. Además de crear a unos personajes muy completos y complejos, con esas arrugas y matices morales tan divertidos y necesarios. En este sentido hay que decir que los personajes maduros están muy conseguidos mientras que los noveles, y por tanto con sus propios conflictos en ebullición y cambios y aprendizajes, se ven un poco debilitados junto a estos titanes con historia propia.

El resto son recursos. bastante bien ejecutados pero que siguen el carril. Pero hay momentos de gran poder y de una intensidad inusitadas. A pesar de que todo está claramente enfocado a una continuidad en el tiempo en subsiguientes temporadas.

Un ejemplo de cómo adaptar un libro a la pequeña pantalla.

viernes 12 de agosto de 2011

Capitán América: Anestesia



He leído muchas críticas benignas a favor de uno de los estrenos del verano: Capitán América. Algunas sorprendentemente benévolas en medios de renombre. La mediocridad en la que se ha instalado la industria americana espanta de las butacas, sobre todo en verano. Esperaba una mediocridad y una mediocridad me encontré.

¿Tan anestesiados estamos que no sabemos reconocer un producto montado sobre un armazón repetido mil veces? Cada película de superhéroes nos da la misma estructura, los mismos clichés y los mismos tiempos. Nada cambia y todo se contagia a otras películas de otros ámbitos. Más aún cuando la acción sigue con su extraño maridaje con el 3D, ese efecto tan desaprovechado.

Bastan tres ejemplos para mostrar como Mavel Studios ha anestesiado nuestros sentidos y hemos aceptado que un medio relativamente transgresos como el cómic americano, se haya convertido en una especie de fábrica que despacha películas mediocres como churros. Incluso la brillante, la primera vez que la ves, IronMan sigue al dedillo este manual.



-Origen: Como siempre estas películas hablan del origen del héroe. Como siempre es quizás la parte más interesante y divertida de la película por la sencilla razón de que te la conoces de memoria. La transformación de Spiderman, la creación de Lobezno, la construcción de Iron Man, todos son momentos eternos para los fans. No tanto la conversión del Capitán América, al que le inyectan un suero y luego matan al inventor.

-Chica: Si bien los superhéroes siempre tienen mujeres a su alrededor, en el cine se potencia al grado máximo la figura de las mismas. Es lógico y acertado, pero volvemos a caer en la misma redundancia. Salvo honrosas excepciones, el romance está escrito siempre con la tensión sexual.

-Equipo de colegas que molan: Si la historia de los cómics del Capitán Ameríca no está llena de secundarios de lujo, pues creamos un equipo de gente que mole, por si cuela alguno y podemos hacer secuelas. En este caso es un grupo de Fuerzas Especiales compuesto por un chino, un francés, un negro, el inútil amigo del prota y un gordo con bombín. Además este grupo de fuerzas especiales, por infame que sea, es el único filón bueno que tiene la película pero evidentemente se desaprovecha. No se entiende por qué no se intentó recrear la película al estilo bélico de Doce del Patíbulo.

Todo esto unido a un personaje que es el culmen de la mediocridad y de la corrección política y que no hace tilín y un villano de opereta que encajaría bien en otra apuesta pero no en esta amalgama que sigue el carril. Sin olvidarnos del baño "vengadores" que se le está dando para vender la franquicia del año que viene.

En fin un guiso de despropósitos consolados que puede parecer divertido durante dos horas, pero que revela a las claras que en esto del cine, los cómics no son nada arriesgados.

miércoles 9 de marzo de 2011

Cisne Negro: Ascensión salvaje


Cisne Negro se puede resumir en la explosión de la escena de climax. Violenta, hipnótica, salvaje, arrolladora, seductora, sensual. Así en apenas tres minutos, precisamente el baile del Cisne Negro se condensa la esencia de una película personal e intransferible, un ejercicio de cine propio que, por una vez, ha conseguido trascender la propia visión del cineasta y saltar al otro lado de la pantalla. Reconozcámoslo, normalmente este tipo de proyectos se quedan en bazofias a mayor gloria de su creador. No es el caso de esta cinta de Aronofsky.

Es difícil determinar si es una película de terror, de aprendizaje, de género o un remake artístico y refinado de La Mosca, como muchos sesudos críticos nos han señalado. A mi me gustaría verla como la ascensión de la protagonista, un personaje que se eleva por encima de si misma para trascender y alcanzar su esencia. Así se entiende su última frase.

Para hablarnos de una ascensión mística, y casi religiosa, nos introducimos en la piel de Nina, una joven inocente que se enfrenta a un reto profesional enorme. Esta ascensión debe dejar atrás todo lo que la ataba, sus miedos interiores, su mentor, su papel como reina del espectáculo, su malsana relación materna e incluso su propia frustración sexual, para encarnarse en el personaje del Cisne Negro. Sobra decir que la propia película es una fábula del propio Lago de los Cisnes, es una historia en si misma.

Además de su lucha por alcanzar la trascendencia, Nina se enfrenta a una competidora, real e imaginaria. Quizás esta es la parte dónde la película patina un poco, una zona gris en que se pierde el pulso, el relato y también el objetivo. Demasiada tensión para plasmar y quizás una trama interna poco explotada.

Pero, hablando de explosiones, todo revienta en un final apoteósico y abrumador. La metamorfosis de Nina es completa en la escena mencionada anteriormente y aquí estalla toda la simbología. Las distintas líneas remarcadas por el director: cambio mental, físico y sexual, confluyen en una coreografía escalofriante. Un final épico y glorioso. Primitivo.

Y todo esto posible gracias a la obsesiva técnica y recursos del director, con planos violentos, cámara en movimiento y subjetividad. Pero por encima de todo está la figura de Natalie Portman. Quizás su interpretación de la comedida Nina parezca fácil pero no lo es. Su explosión final es lo que encumbra la película un torrente que arrolla a un espectador que no puede creer lo que ha pasado.

Cinco minutos. Una escena de ballet. Una ascensión salvaje.

domingo 20 de febrero de 2011

Valor de Ley: Siguiendo el cánon



Me alegro de que mi vuelta a los cines haya sido para ver una gran película. Clásica en todos los sentidos, desde el visual al narrativo, pasando por la duración y la estética. Los hermanos Coen se instalan en un canon de clásico moderno que facilita siempre acercarse a sus cintas. A veces son profundas, a veces no tanto, pero todas siguen un modelo en el que el espectador se siente cómodo. A fin de cuentas la versión original ya era buena y la de los Coen busca renovar, y quizás, llegar un poco más lejos.

Valor de Ley aplica este modelo formal para contar las trayectorias vitales de sus protagonistas. Una niña a la que han arrebatado a su padre y busca una venganza dentro, o fuera, de la ley. Y un viejo agente de la ley, exsoldado, de vuelta de todo que, a pesar de sus defectos, se muestra más humano. En medio un joven y altivo Ranger que recibe lecciones vitales continuas y unos antagonistas también bastante cercanos. Un mosaico de vidas en una aventura sencilla.

No esperéis profundidad abismal o sesudas reflexiones en esta cinta. Va al grano y muestra lo que muestra. Nos cuenta una historia y nos enseña sus matices para finalmente llevarnos a la emoción. El ejemplo más claro es la trayectoria vital de la protagonista, un claro caso de forja del héroe en todos sus pasos, desde el cruce simbólico del río a la prueba final en la cueva. El personaje, agradecido y bien resuelto, de Jeff Bridges también.

Tan canónica es la película en todo que a veces sus diálogos pueden parecer impostados y artificiales. Pero son resolutivos. Cada personaje tiene su propia partitura y en realidad a través de esa artificialidad escuchamos lo que se nos quiere decir con distintas voces.

Una alegría para el espectador porque cuando se apagan las luces, siempre buscamos un cánon que conocemos, unas referencias que nos acomoden y un modelo familiar. Valor de Ley tiene todo esos ingredientes y por ello se convierte en una gran película. Y un gran motivo para ir al cine.